La estancia está. El viaje no.
Hay 1.454 residencias activas en el archivo Radartes que financian de forma parcial al artista que reciben. De ellas, 1.191 —más de ocho de cada diez— se emiten desde fuera de Latinoamérica: Estados Unidos, España, Italia, Alemania, Francia, el Reino Unido. Son puertas abiertas. La condición para cruzarlas casi nunca es el talento.
El patrón se repite con una regularidad que deja de ser anécdota y pasa a ser estructura: estas convocatorias cubren el alojamiento, ofrecen un estipendio modesto para vivir esas semanas afuera, a veces suman el espacio de trabajo. Lo que no cubren es cómo llegar. El vuelo intercontinental, los viáticos de los primeros días, en ocasiones la comida, quedan a cargo del postulante. Para un artista latinoamericano, ese tramo no financiado es exactamente el que define si la oportunidad existe o no.
Financian estar afuera. No financian llegar.
El mapa: seis países concentran la mitad
La oferta no está repartida de manera uniforme. Seis emisores extranjeros —Estados Unidos (232), España (150), Italia (76), Alemania (58), Francia (56) y Canadá (48)— concentran cerca de 620 convocatorias, el 52% de todo el universo internacional. Detrás aparecen el Reino Unido y Japón (41 cada uno), Portugal y México (40), Finlandia (27) y los Países Bajos (26).
Es un dato operativo, no decorativo: una intervención que quiera “activar” estas residencias para artistas latinoamericanos no necesita cubrir cien geografías. Necesita construir puentes hacia media docena de destinos donde ya está casi todo lo demás resuelto.
Lo que cubren, lo que dejan afuera
Leímos el texto de las 1.191 convocatorias internacionales y medimos qué prometen. El alojamiento aparece en el 46,3% de los casos; el estipendio o stipend, en el 21,3%. El viaje —vuelo, airfare— aparece en apenas el 16,8%: solo una de cada seis residencias internacionales paga el pasaje. Treinta y dos convocatorias se toman el trabajo de aclarar explícitamente que no incluyen o no cubren tramos clave.
Las propias fichas lo dicen mejor que cualquier resumen:
“Residencia artística de 6 meses en Prato […]. Ofrece €500 mensuales y alojamiento gratuito compartido.” — Textile Art Factory, Italia
“Residencia de investigación en PADA Studios dirigida a escritores, curadores, investigadores y artistas […] 1 o 2 meses […] con alojamiento.” — Research Residency 2027, Portugal
“Becas completas con alojamiento y, en una modalidad, fee de 2.000 € sujeto a fondos públicos.” — Open Call, España
El estipendio típico ronda los €500 mensuales: alcanza para sostenerse mientras se está allá, no para pagar el billete que cuesta llegar. La residencia es generosa con el tiempo del artista y muda respecto de su punto de partida.
El puente ya existe: el caso del Caribe
No estamos proponiendo algo sin precedente. Ya hay quien lo hace.
“Residencia internacional de once semanas en Gasworks, Londres, dirigida a artistas visuales emergentes basados en el Caribe. Ofrece estudio privado, alojamiento […], vuelos de ida y vuelta con equipaje, cobertura […].” — Gasworks Residency for artists based in the Caribbean, Reino Unido
Gasworks no inventó una residencia nueva: tomó una que ya existía y le agregó el tramo faltante —el vuelo— para una región específica. El Caribe tiene su puente institucional. La inmensa mayoría de Latinoamérica, no. Hay incluso ejemplos que ya nacen completos. Rural Labs (España) ofrece “800 euros por residencia, apoyo para viaje internacional, alojamiento, comidas y espacio de trabajo”. Son la excepción que prueba que el modelo es viable cuando alguien decide financiar la llegada.
El multiplicador: por qué el puente rinde más
La intuición presupuestaria habitual de una fundación cultural latinoamericana es crear una residencia propia. Es legítimo, pero el retorno por dólar es bajo.
Hagamos la cuenta. Una línea de becas puente de ~30.000 USD anuales —que cubra exclusivamente vuelo, viáticos de llegada y complemento de alimentación— puede activar entre 60 y 200 artistas latinoamericanos hacia residencias internacionales que de otro modo no podrían tomar, porque el resto del costo ya lo paga la institución anfitriona del exterior. El mismo capital invertido en montar y operar una residencia local financia, en el mejor de los casos, a una decena de artistas.
El puente rinde entre 6 y 20 veces más por la sencilla razón de que no paga lo que otros ya pagan. Apalanca infraestructura existente. Compra el tramo más barato de toda la cadena —el que falta— y desbloquea todo lo demás.
La propuesta: Beca Puente Internacional
Llamamos Beca Puente Internacional a un instrumento simple y replicable:
- Qué cubre: el tramo no financiado por la residencia anfitriona —vuelo internacional, viáticos de los primeros días, complemento de alimentación cuando haga falta.
- Qué no duplica: alojamiento, espacio de trabajo ni estipendio, que ya provee la institución del exterior.
- Quién puede operarlo: una fundación, una embajada, un ministerio de cultura o una alianza público-privada. No requiere construir un programa desde cero: requiere identificar las residencias-destino, definir criterios de selección y financiar la diferencia.- Caso cero: Atlanticx, la ONG detrás de Radartes, como primera institución dispuesta a articular y documentar el modelo de forma abierta.
Radartes ya tiene el mapa: sabe cuáles son las 1.191 residencias, qué cubre cada una, desde qué país se emiten y a qué disciplinas convocan. Lo que falta no es información. Es la decisión institucional de financiar la llegada —y con ella, que el acceso de un artista latinoamericano a una residencia internacional vuelva a depender de su trabajo y no de su billetera.
Fuentes de datos: archivo Radartes (residencias con Publicar = True, categoría Residencia, dotación parcial), consultado el 24 de mayo de 2026. Universo: 1.454 residencias parciales activas · 1.191 internacionales. Patrón de cobertura medido sobre el texto de las convocatorias (n = 1.191).
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